Su mirada era intensa, y concentrada en un solo punto, mis labios. Era como una adicción imposible de dejar, de esas que no puedes vivir sin ellas, que son como un imán que te atrae poco a poco, haciéndote más débil cada vez, hasta que por fin cae en la trampa, pero con una diferencia, yo no era una trampa, tenía las mismas ganas que el de besarle, solo que yo intentaba controlarme para que la gente no sospechara. Era evidente, nos queríamos, y entre nosotros existía una gran atracción, imposible de controlar, como dos imanes con polos opuestos. Era evidente que lo necesitaba, y él a mi.

No hay comentarios:
Publicar un comentario